lunes, 13 de junio de 2016

Navidad entre cristales rotos.

Por un segundo la vida parecía hermosa, por un momento el ruido de la ciudad calmaba mi angustia, sabía que volvería a pasar, mis padres desaparecidos y mi  hermano un borracho, que  todas las navidades terminaba rompiendo algo en mi cabeza. Sentía  más odio que por nada, odiaba la navidad, y para hacerlo más hermoso trabajaba los días festivos navideños.
Si se supone que celebramos el nacimiento de Jesús, ¿por qué?  La gente se atropella con las compras y se insulta en las calles. Sobre mi piso cada noche buena: Sangre, licor cristales rotos mientras la angustia envenena, odio la navidad.
Todo hasta ahora parecía tormentoso, caminando por una de las desalmadas calles, vi uno de esos vagabundos que apestan a licor barato y basura, metí la mano en mi bolsillo para sacar algunas monedas, sabía que me pediría, cuando me  dirigía a el saco un extraño pañuelo donde me entrego un trozo de madera podrida pero que olía muy bien,  dijo: No necesito las monedas de tu bolsillo, pero, tú necesitas aprender de este trozo  de madera, muy enojado respondí:  No se puede aprender de un trozo de madera asi que  lo tire y seguí caminando, llegue a mi hogar esperando la noche  buena.
Sentir perdición o angustia en navidad es normal, puede ser hasta un fenómeno o una moda, por algún extraño pensamiento se me ocurrió meter la mano a mi bolsillo, no estaban las monedas  ellas estaban en el piso y en mi bolsillo había un trozo de madera, si, el mismo que el viejo vagabundo trato de regalarme, me sentí impresionado y algo extraño, el aroma de ese objeto era inefable.

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